Cómo cambiará la industria después del COVID-19

 


La pandemia de COVID-19 es, antes que cualquier otra cosa, una crisis de salud y humanitaria que ha puesto sobre la mesa primero que nada el objetivo de salvar vidas.

 

Frente a esto, la mayoría de las empresas que forman parte de la industria se están adaptando rápidamente a las recomendaciones sanitarias, que implican la reducción del personal operando en plantas y por lo tanto de la productividad, así como de garantizar el respaldo económico y de las prestaciones que por ley le corresponden a cada colaborador. 

 

Sin embargo, se prevé que lo más difícil de esta crisis mundial sin precedentes en la época moderna no es lo que está sucediendo justo ahora, sino lo que está por venir, la ya popular nueva normalidad a la que estamos migrando en un entorno complejo e incierto, sí, pero también lleno de oportunidades.

 

Para adaptarse y prosperar, las organizaciones deben ser rápidas, resilientes y ágiles. Sus líderes requieren concientizarse y prepararse para abordar los cambios que, además de profundos, serán permanentes en el nuevo entorno, desde la perspectiva de las personas, las operaciones y la tecnología, no sólo a gran velocidad, sino también a gran escala, todo esto con miras a recuperarse pronto del impacto comercial del COVID-19, que aunque aún no termina de medirse, sabemos ya que es profundo.

 

A medida que los gobiernos realizan intervenciones significativas en respuesta al nuevo coronavirus, las empresas hacen lo propio con su gente, sus clientes y proveedores, mientras que al mismo tiempo se enfrentan a los desafíos financieros y operativos.

 

Cuando la pandemia provocó interrupciones sin precedentes, prácticamente todas las empresas se enfrentaron a nuevos y mayores desafíos en la cadena de suministro y de liquidez, al tener de un día para otro, amenazas en sus ingresos.

 

En una quizás prematura retrospectiva, ahora muchos están más seguros de la necesidad de digitalización y transformación, ya sea como resultado de ver inversiones anteriores que ahora están dando sus frutos o reconociendo que deberían haber hecho más en el mundo pre covid.

 

Un claro ejemplo es Microsoft. Este gigante tecnológico informó recientemente que experimentó el equivalente a dos años de transformación digital, en apenas dos meses, en áreas que van desde el trabajo en equipo remoto y el servicio al cliente, hasta la infraestructura y la seguridad críticas de la nube. Esto envió un claro mensaje a líderes y ejecutivos sobre la urgencia de mejorar las capacidades digitales para mantenerse en resiliencia durante tiempos volátiles, como la emergencia sanitaria.

 

Con la pandemia, la cuarta revolución industrial también se ha acelerado, destacando el papel de tecnologías, como el internet de las cosas, el big data, la inteligencia artificial y la robótica, en la habilitación de nuevas formas de negocios y vida en la nueva normalidad. Desde el aumento del aprendizaje virtual y el teletrabajo hasta la banca en línea y la telemedicina, están suscitándose cambios generalizados que, por un lado, empoderan a las personas e impulsan la innovación, pero por otro, erosionan las nociones establecidas de trabajo, servicio y experiencia del cliente.

Lo único cierto hasta hoy es que ninguna industria saldrá ilesa de la crisis mundial que estamos viviendo. Lo que variará es el alcance del impacto, por lo que es probable que a algunas organizaciones les vaya mejor que a otras. 


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