Retos de la industria maquiladora mexicana

 





La llegada y propagación del COVID-19, junto con la mayor apertura comercial propiciada por la entrada en vigor del T-Mec para México, están generando diversos cambios en el ámbito de la producción nacional.

Por excelencia, la industria maquiladora constituye los cimientos sobre los cuales desde hace 40 años la economía mexicana viene reduciendo su dependencia de las exportaciones petroleras, para convertirse poco a poco en uno de los principales exportadores de bienes manufactureros en la industria de la fabricación de equipo de transporte. 

Sin embargo, la otra cara de la moneda de esta realidad es la dependencia comercial generada con Estados Unidos de América. El país vecino del norte es el destinatario del 77% de las exportaciones mexicanas, ganándose con ello la etiqueta de nuestro principal socio comercial, y sujetando a la economía nacional a una especie de sincronización con el ciclo económico estadounidense. 

Sabiendo lo anterior, es importante recordar que al inicio de la pandemia por COVID-19, una de las principales acciones para prevenir la propagación del virus fue la de parar al 100% todas las industrias denominadas como no esenciales, lo cual afectó de forma severa tanto a las actividades de manufactura como a sus cadenas de suministro. De acuerdo con especialistas, en el futuro muy cercano, este cierre derivará en una importante recesión económica, a la que incluso, ya han nombrado como la crisis del gran confinamiento.

De acuerdo con estimaciones del Banco Mundial, durante el 2020 en Estados Unidos el PIB tendrá un decrecimiento del -6.1%, mientras que el Producto Interno Bruto mexicano caerá hasta en un -7.5%. De cumplirse al pie de la letra, ambos pronósticos nos dan una idea del nivel de dificultad que atravesarán ambas economías, lo que inevitablemente tendrá un impacto negativo en las exportaciones mexicanas.

A pesar de su amplia relevancia económica, la industria maquiladora nacional debió enfrentarse al reto de demostrarle a la administración federal que sus actividades tienen carácter de esencial, de acuerdo con la clasificación que viene determinando desde abril del 2020 cuáles industrias pueden operar, y cuáles no.

Ha sido paulatinamente y con la implementación de todas las medidas requeridas por las autoridades sanitarias para prevenir contagios del nuevo coronavirus, como muchas empresas del sector han podido reabrir sus puertas, avivando la esperanza de recuperar la producción y minimizar, en la medida de lo posible, los efectos negativos del paro de operaciones.

Aún con la inminente crisis económica que se avecina, la industria mexicana presenta algunas áreas de oportunidad que podrían beneficiar a la economía del país. Una de ellas es la reciente entrada en vigor del Tratado Comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), el cual se espera sea un factor de certidumbre para la atracción de nuevas inversiones extranjeras productivas. Otra gran área de oportunidad económica es la de implementar una visión que encadene a la economía mexicana con la industria de exportación y maquiladora, para dar pie a la fundación de empresas mexicanas capaces de proveer importaciones de bienes intermedios, lo cual cambiaría la perspectiva de desarrollo y crecimiento de la economía mexicana. 



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